Volvía Rossini al Campoamor con otra de sus magistrales creaciones. Por suerte, o por trabajo, esta vez se ha contado con prácticamente todos los elementos para que la representación, como así sucedió, fuese un éxito unánime.
Para empezar, la producción de Sagi y su equipo aportó toneladas de ingenio y de color que cuadraron perfectamente con la intención del pesarés. Rossini es un compositor que prácticamente soporta cualquier intención escénica inteligente, siempre que no quebrante la esencia de la música y de sus propósitos. En este caso sólo algún pequeño detalle pudo molestar, pero es tan poca cosa ante tanto bueno, que el resultado no puede calificarse sino como sobresaliente. Color y alegría iaen la escena iluminándola como las coloraturas de Rossini iluminan la partitura.
Por supuesto, Rossini necesita cantantes de gran nivel, pero también una dirección musical inteligente y en estilo. La Oviedo Filarmonia dió lo mejor de si misma, magistralmente conducida por López Reynoso, quien en justo homenaje con la dedicatoria de estas funciones al Mº Zedda (aparte de a la excelsa Caballé), consiguió que la orquesta bailase y cantase como un intérprete más, con fantástico empaste en los concertantes, con un dominio del ritmo y la intención rossiniana, acompañado de un perfecto apoyo a los cantantes, redundando todo en una velada rossiniana al más alto nivel. Contando que el Mº mexicano deberá afrontar retos futuros con esta orquesta, por qué no esperar que lleguen por fin al Campoamor alguno de los títulos, como Semiramide o Guillaume Tell, que nunca hemos podido escuchar.
Y, por supuesto, los cantantes. Empezaremos con el prometedor Albazar del costarricense Astorga, desenvuelto en escena y en su aria. La Zaida es un papel de todo menos menor, por presencia y exigencias, que resolvió con solvencia Laura Vila. Punto débil de la cadena fue el Narciso del catalán Alegret, que dio un pálido retrato del papel en sus páginas solistas, pero cumplió en los conjuntos y en el trabajo escénico. El Prodoscimo de Esteve fue lo que se podía esperar en cuanto a sonoridad y personalidad, superando un desafío en un repertorio un tanto nuevo para él. Magisterio estilístico impartido por Corbelli en un Don Geronio saturado de exigencias físicas por la escena, como sus paseos con la moto a rastras mientras tenía que cantar. Espectacular intensidad escénica de Puértolas, bien complementada con su notable prestación vocal, con fraseo intencionado y, a pesar de alguna estridencia, resuelta coloratura y agudos. Y el Selim de Orfila fue también una eminente interpretación con agilidades brillantes, volumen profundo y fraseo distinguido.
Cantantes también son los integrantes de nuestro Coro, que nuevamente superaron los escollos vocales y los desafíos actorales, en una producción así son muchos, con éxito. Y un recuerdo también en ese aspecto actoral para el grupo de figurantes.
Campoamor entregado más en las salutaciones finales que durante la ópera, quizás también porque la obra brilla más en momentos de conjunto que en arias individuales.
9 oct 2018
11 sept 2018
Fuenteovejuna. ¿Alguien ha dicho lo de histórico?
Ambiciosa propuesta de Ópera de Oviedo para inaugurar la nueva temporada. Son pocos los teatros españoles que se atreven a emprender el riesgo de encargar un nuevo título. En nuestra temporada, en la que tantos títulos fundamentales del repertorio aún no se han dado, parece aún más arriesgado; pero una vez decidido que vamos por el Máster antes de aprobar asignaturas de primero de carrera, no se puede poner tacha alguna al proyecto. Autores asturianos, obra clásica española, elenco de buenos cantantes españoles, nombre de postín para la dirección escénica y solvencia para la musical. Todo ello ofrecía garantías suficientes de que el resultado podía salir bien, y salió. Evidentemente para que un título contemporáneo funcione la historia narrada ha de tener una sustancia dramática, que en este caso tenía, y Almuzara supo adaptar con brillo literario; pero si además contamos con una partitura en la que Muñiz no renuncia a buscar sonoridades afines, prescindiendo de lenguajes musicales difíciles para el gran público. Así y todo el éxito creo que ha sorprendido a muchos, creo que incluso a alguno de los creadores, pues los aplausos ya se sucedieron durante la representación, sobre todo en la segunda parte, y culminaron en una sincera alabanza tras caer el telón.
Todo lo dicho anteriormente no quiere decir que la obra sea una obra maestra, al fin y al cabo tanto libretista como compositor afrontaban su primer acercamiento al género, porque el desarrollo es irregular. Como insinuabamos, el primer acto resultó un poco aburrido y demasiado extenso como mera presentación, pero la segunda parte, que comprendía los actos II y III, aprovecha ya toda la fuerza dramática del texto, para sacudir al público y conquistarlo. Quizás también se pudiera prescindir de algún personaje cuya participación es poco más que anecdótica, o redondear algunas escenas, pero el global es de notable. El final también nos dejó una impresión insatisfactoria, un poco un parche o un tanto forzado.
Aparte de los autores, el éxito también debe recaer en los intérpretes. Para empezar por el trabajo de Serrate, al servicio de la obra, y de la OSPA, y continuando por la enorme respuesta del Coro, exigido como pocas veces al ser una obra tan global. El reparto, aquí doble y combinado en ambos mezclando los nombres más y menos conocidos, reunía un plantel de buenos cantantes españoles para afrontar una partitura muy exigente en la vocalidad de la mayoría de papeles. Protagonista la Laurencia de una Mariola Cantarero que parecía haber desaparecido del circuito y ha vuelto con intensidad dramática y buenas prestaciones vocales. El Comendador de Damián del Castillo fue otro activo importante, demostrando la buena evolución de un cantante ya preparado para papeles importantes. Sola quedó lastrado por sus problemas en la zona aguda, mientras que Sanabria lució especialmente en su "bolero". Intenso Crespo en su papel de alcalde, así como Gaudí y Pardo en sus cometidos, que supieron aprovechar. Exprimiendo brillantemente Cansino su pequeño papel para lucir más de lo que se pudiera esperar. y García-López suficiente como juez o torturador, en un papel, siendo generosos, secundario.
Y la puesta en escena efectiva. Cambiando de época, suponemos que con la aprobación del libretista, que estuvo presente en todo el proceso de ensayos, no sabemos si con necesidad o no, pero funciona y retrata y traduce básica, pero inteligentemente, las vicisitudes del texto. Las proyecciones fueron también un buen recurso para ayudar a traducir los recovecos de la historia.
En fin una gran noche, ¿quizás alguien dijo histórica?, para Ópera de Oviedo, que esperemos sea secundada por más teatros, sobre todo para ayudar a amortizar tanto el esfuerzo artístico como el económico que ha supuesto para nuestra Temporada. Bastante butaca vacía en todas las zonas, que merecen mejor destino en las sucesivas funciones.
8 dic 2017
Cantar en tiempos revueltos.
Es difícil encontrar hoy en día cantantes para determinados papeles. Así algunos de los títulos emblemáticos del repertorio se ven perjudicados en su programación por los teatros de ópera. Curiosamente, derivado sin duda del aniversario de Giordano, ayer coincidieron dos teatros, Scala y Campoamor, con sendas producciones de Andrea Chénier. En lo que a nosotros nos afecta, y con el mérito añadido del reparto casi integramente español, una función de gran valía.
En esta ópera abundan las piezas conocidas y encontramos versiones grabadas con algunos de los mejores cantantes de la historia. Sin pretender comparar, el trío protagonista reunido ayer nos ofreció las suficientes razones para entender el porqué de que la ópera italiana ha triunfado, y triunfará, en los teatros de todo el mundo. Pasión, entrega, sentimientos básicos y recursos efectistas y efectivos que conquistan el corazón del público.
Para empezar, la Maddalena de Ainhoa Arteta se resolvió con gran éxito en tan difícil parte, con brillo especial en dúos y en su aria, en un papel que seguramente hará suyo en sucesivas ocasiones. La voz sigue siendo conservando belleza, algún sonido por arriba un tanto agrio si acaso . Se mostró como una cantante de talento dramático muy apropiada para estos roles veristas.
Carlos Álvarez fue anunciado convaleciente y, aún así, volvió a mostrar su bella voz, con esa nobleza baritonal que tanto escasea hoy, y su entrega, que le convierten en uno de los mejores barítonos mundiales tras los problemas pasados hace unos años.
El tenor Jorge de León debutaba operísticamente en nuestro teatro y se mostró brillante en el canto heroico, y más limitado en el aspecto poético del personaje. Algún problema de afinación y una emisión "difícil" le lastran en esos momentos más líricos, pero la voz sigue epatando en el público, hoy tan desacostumbrado a escuchar determinadas voces.
Cuenta esta ópera con gran número de partes secundarias que fueron servidas entre lo decepcionante de Pintó y Rguez-Cusí a lo más atractivo de Crespo, Díaz o Sanmartí. Cumpliendo los Plazaola, Oller, Gómez Díaz.
El coro volvió a dar una buena ejecución, al igual que la Oviedo Filarmonía fluidamente conducida por el competente Marcianò.
Y la parte escénica del equipo de Romero Mora prescindió de iluminadas visiones y optó por atender al libretto y a casi todas sus indicaciones, conquistando también su trabajo el favor del público.
En suma una velada operística que satisfizo al público, que llenó prácticamente el teatro, que premió con entusiasmo a todos los participantes.
En esta ópera abundan las piezas conocidas y encontramos versiones grabadas con algunos de los mejores cantantes de la historia. Sin pretender comparar, el trío protagonista reunido ayer nos ofreció las suficientes razones para entender el porqué de que la ópera italiana ha triunfado, y triunfará, en los teatros de todo el mundo. Pasión, entrega, sentimientos básicos y recursos efectistas y efectivos que conquistan el corazón del público.
Para empezar, la Maddalena de Ainhoa Arteta se resolvió con gran éxito en tan difícil parte, con brillo especial en dúos y en su aria, en un papel que seguramente hará suyo en sucesivas ocasiones. La voz sigue siendo conservando belleza, algún sonido por arriba un tanto agrio si acaso . Se mostró como una cantante de talento dramático muy apropiada para estos roles veristas.
Carlos Álvarez fue anunciado convaleciente y, aún así, volvió a mostrar su bella voz, con esa nobleza baritonal que tanto escasea hoy, y su entrega, que le convierten en uno de los mejores barítonos mundiales tras los problemas pasados hace unos años.
El tenor Jorge de León debutaba operísticamente en nuestro teatro y se mostró brillante en el canto heroico, y más limitado en el aspecto poético del personaje. Algún problema de afinación y una emisión "difícil" le lastran en esos momentos más líricos, pero la voz sigue epatando en el público, hoy tan desacostumbrado a escuchar determinadas voces.
Cuenta esta ópera con gran número de partes secundarias que fueron servidas entre lo decepcionante de Pintó y Rguez-Cusí a lo más atractivo de Crespo, Díaz o Sanmartí. Cumpliendo los Plazaola, Oller, Gómez Díaz.
El coro volvió a dar una buena ejecución, al igual que la Oviedo Filarmonía fluidamente conducida por el competente Marcianò.
Y la parte escénica del equipo de Romero Mora prescindió de iluminadas visiones y optó por atender al libretto y a casi todas sus indicaciones, conquistando también su trabajo el favor del público.
En suma una velada operística que satisfizo al público, que llenó prácticamente el teatro, que premió con entusiasmo a todos los participantes.
19 nov 2017
Un altro sorso.
Reparto joven para este Elisir. Esta vez sí que los cuatro cantantes protagonistas respondían al perfil de joven cantante en formación pero, aún así, el resultado artístico fue notable y con gran éxito de público, aunque sí se apreció una mayor diferencia entre repartos que en otras ocasiones en las que hemos tenido también uno joven.
Como Nemorino de última hora teníamos al tenor cordobés Pablo García López que escénicamente realizó un trabajo intachable, contando además con el debe de ser sustituto del enfermo Marc Sala, y vocalmente demostró gran expresividad.
A pesar de mostrarse indeciso en su entrada, lastrando el lucimiento en su aria, luego Michael Borth, como Belcore, remontó y demostró un material interesante.
Pablo López apostó inteligentemente por privilegiar la parte comediante de Dulcamara . Nos dejó dudas vocalmente, por volumen y extensión.
Notable y con gran musicalidad y cuidada línea de canto la Adina de Sara Blanch, con algún problema, compartido por alguno de sus colegas, de volumen o proyección.
Los reincidentes (Ubieta, coro, orquesta y director) volvieron a lograr un buen resultado en sus respectivas labores.
Apuntar de la producción que, en la segunda visión, pierden bastante gracia alguno de los gags y que, vista desde otra localidad, las copas del techo entorpecen en bastantes momentos la visión de los espectadores de los pisos altos.
Generosa recompensa del abundante público, en forma de aplausos y vítores para casi todos los integrantes.
Como Nemorino de última hora teníamos al tenor cordobés Pablo García López que escénicamente realizó un trabajo intachable, contando además con el debe de ser sustituto del enfermo Marc Sala, y vocalmente demostró gran expresividad.
A pesar de mostrarse indeciso en su entrada, lastrando el lucimiento en su aria, luego Michael Borth, como Belcore, remontó y demostró un material interesante.
Pablo López apostó inteligentemente por privilegiar la parte comediante de Dulcamara . Nos dejó dudas vocalmente, por volumen y extensión.
Notable y con gran musicalidad y cuidada línea de canto la Adina de Sara Blanch, con algún problema, compartido por alguno de sus colegas, de volumen o proyección.
Los reincidentes (Ubieta, coro, orquesta y director) volvieron a lograr un buen resultado en sus respectivas labores.
Apuntar de la producción que, en la segunda visión, pierden bastante gracia alguno de los gags y que, vista desde otra localidad, las copas del techo entorpecen en bastantes momentos la visión de los espectadores de los pisos altos.
Generosa recompensa del abundante público, en forma de aplausos y vítores para casi todos los integrantes.
13 nov 2017
Siempre nos quedará Elisir.
Volvía al Campoamor una de las óperas que más se ha representado en nuestra Temporada de Ópera. Una obra maestra sin paliativos que dificilmente puede ser un fracaso, pero que no por ello es fácil de convertir en éxito.
Para la ocasión se cuenta con el Nemorino de José Bros, que celebra sus 25 años en escena, y que tantos buenos momentos buenos nos ha hecho pasar. Nuevamente ha demostrado su saber hacer y, de menos a más, ha ofrecido una notable recreación. Su "furtiva" fue el momento más emocionante y aplaudido de la función y quizás hubiera merecido un bis, tanto por la interpretación como por los servicios prestados.
Aún más veterano, Corbelli nos ofreció uno de sus papeles fetiche, Dulcamara, con voz ya muy erosionada y que nunca fue generosa tímbricamente, pero con una clase magistral de arte buffo en cada intervención. Impulsando además en los dúos a sus compañeros.
La Adina de Beatriz Díaz resultó brillante escénica y vocalmente, aunque con algún que otro sonido ingrato, fruto posiblemente de una indisposición que no se anunció. Un nuevo ejemplo de que no hay que irse a buscar tanto cantante a tierras lejanas para tener garantías.
Debutante en España el barítono norteamericano Edward Parks, de impresionante planta escénica, que ofreció un Belcore efectivo, con la habitual solidez técnica de los cantantes yanquis, con dificultad en las agilidades.
En el papel de Gianetta, Ubieta cumplió de sobra, exigida particularmente en lo escénico por deseos de Rechi y su equipo.
Excelente el Coro, cada vez más exigido en la parte escénica, con sus miembros ganándose (otra cosa es que se lo den) un sobresueldo como figurantes, algunos de éllos incluso con importante parte casi protagonista en varios momentos.
Y la OSPA entregada a un efectivo y práctico Oliver Díaz, siempre centrado y pendiente de la escena, que interpretó tanto la melancolía como los momentos más cómicos.
La parte escénica que nos propuso Rechi y su equipo fue colorida e intensa. Cierto es que Elisir admite casi todo, pero no sabemos qué consigue, o pretende conseguir, exactamente al ubicar en la actualidad la acción. Con éllo, sin embargo, sí sustrae de credibilidad alguno de los aspectos del libretto y de las características de los personajes. Saturando además muchas de las escenas, llenandolas de acción mientras los solistas cantaban, distrayendo muchas veces con sus ocurrencias tanto al público como a los cantantes. Cosa que afortunadamente no pasó en el aria de Nemorino. También hubo algún resbalón de Bros y Corbelli por no poder esquivar elementos del atrezzo.
Y en Elisir también hay melancolía y suavidad, no sólo una distorsión de la realidad y unos gags más o menos efectistas como único motor para emocionar y divertir al público.
El público pareció reaccionar al descanso y así fue más cálido con los artistas según avanzaba la función, recompensandoles al final con generosidad a todos ellos.
Para la ocasión se cuenta con el Nemorino de José Bros, que celebra sus 25 años en escena, y que tantos buenos momentos buenos nos ha hecho pasar. Nuevamente ha demostrado su saber hacer y, de menos a más, ha ofrecido una notable recreación. Su "furtiva" fue el momento más emocionante y aplaudido de la función y quizás hubiera merecido un bis, tanto por la interpretación como por los servicios prestados.
Aún más veterano, Corbelli nos ofreció uno de sus papeles fetiche, Dulcamara, con voz ya muy erosionada y que nunca fue generosa tímbricamente, pero con una clase magistral de arte buffo en cada intervención. Impulsando además en los dúos a sus compañeros.
La Adina de Beatriz Díaz resultó brillante escénica y vocalmente, aunque con algún que otro sonido ingrato, fruto posiblemente de una indisposición que no se anunció. Un nuevo ejemplo de que no hay que irse a buscar tanto cantante a tierras lejanas para tener garantías.
Debutante en España el barítono norteamericano Edward Parks, de impresionante planta escénica, que ofreció un Belcore efectivo, con la habitual solidez técnica de los cantantes yanquis, con dificultad en las agilidades.
En el papel de Gianetta, Ubieta cumplió de sobra, exigida particularmente en lo escénico por deseos de Rechi y su equipo.
Excelente el Coro, cada vez más exigido en la parte escénica, con sus miembros ganándose (otra cosa es que se lo den) un sobresueldo como figurantes, algunos de éllos incluso con importante parte casi protagonista en varios momentos.
Y la OSPA entregada a un efectivo y práctico Oliver Díaz, siempre centrado y pendiente de la escena, que interpretó tanto la melancolía como los momentos más cómicos.
La parte escénica que nos propuso Rechi y su equipo fue colorida e intensa. Cierto es que Elisir admite casi todo, pero no sabemos qué consigue, o pretende conseguir, exactamente al ubicar en la actualidad la acción. Con éllo, sin embargo, sí sustrae de credibilidad alguno de los aspectos del libretto y de las características de los personajes. Saturando además muchas de las escenas, llenandolas de acción mientras los solistas cantaban, distrayendo muchas veces con sus ocurrencias tanto al público como a los cantantes. Cosa que afortunadamente no pasó en el aria de Nemorino. También hubo algún resbalón de Bros y Corbelli por no poder esquivar elementos del atrezzo.
Y en Elisir también hay melancolía y suavidad, no sólo una distorsión de la realidad y unos gags más o menos efectistas como único motor para emocionar y divertir al público.
El público pareció reaccionar al descanso y así fue más cálido con los artistas según avanzaba la función, recompensandoles al final con generosidad a todos ellos.
14 oct 2017
Llamaradas baratas, pero preciadas.
Trovatore con reparto “joven”, barato o “viernes de ópera” que mejoró las sensaciones del reparto “estelar”. Sin llegar a provocar delirio, sí que hubo emoción y entusiasmo en bastantes momentos. Por enésima vez estos repartos baratos se muestran como un espectáculo cultural valioso.
Todo empezó a mejorar con el Mº Tebar, que nos pareció con mucho más pulso e intención verdianas dirigiendo y administrando estupendamente a la Oviedo Filarmonía.
Entre el reparto hubo de todo, pero el conjunto funcionó bien.
Decepcionante la soprano Meeta Raval que hizo una lectura insípida de su parte, con una dicción deficiente y dejando pasar las numerosas oportunidades de brillo que tiene Leonora. Su interesante material quizás se pueda adaptar mejor a otro repertorio.
La Azucena de Agostina Smimmero, de voz grande y timbre oscuro y aterciopelado. Con un canto sólido e intencionado. Sangre y alma napolitana a raudales. Una voz, y una artista, a seguir.
Luis Cansino debutaba el Conde de Luna y volvió a demostrar que responde ante cualquier desafío, extrayendo de sus medios y material el máximo posible para salir con nota del reto.
Y Antonio Corianò fue un Manrico efectista y valiente, con un canto pleno de grinta, volumen adecuado y con presencia escénica importante, cuya entrega y audacia conectó bien con el público. Sus problemas de afinación y desigualdad se compensaron por esa entrega y valentía.
Entre los “repetidores”, Russo se mostró pueril como Ferrando. De nuevo la competencia y progresión de Norton; la habilidad escénica de Suárez; junto con las tareas resueltas de García y el Goya mudo de Casero. El Coro cumplidor, con momentos de fugaz brillo.
El público, entusiasta y ruídoso, en los aspectos positivos y negativos, disfrutó y aplaudió generosamente a todos los intérpretes, obsequiando con algunos "bravos" especialmente a Corianò y Smimmero.
9 oct 2017
Incombustible Trovatore.
El fuego es parte protagonista en Trovatore. Tanto por lo que influye en la historia como por el ardor que inyecta una buena representación en el ánimo del público. Desgraciadamente en esta segunda representación de esta serie de funciones del título verdiano la combustión no se produjo.
Evidentemente hoy es difícil contar con cantantes que sepan prender la mecha en el público. El cuarteto protagonista fue irregular. La soprano di Giacomo presenta un centro muy interesante y aspira a hacer cosas interesantes, pero no acaba de convencernos expresivamente y presenta problemas en la parte alta. Nos gustó más según fue avanzando la función.
La mejor fue sin duda, Luciano D'Intino, una verdadera mezzo que a pesar de algún problema vocal, sí que tiene el talento artístico y la intención verdiana. Lo que se dice una cantante de ópera.
En cuanto a Machado no se puede decir que sea un Manrico ideal -¿hay hoy alguno?-, destacando más su canto por lirismo que por pasión. Ni apoteosis, ni fracaso.
Muy endeble el Conde de Luna, Simone Piazzola, incapaz de dar un mínimo de hidalguía a su fraseo, por su legato e impostación deficientes. Se escuchó un muy tímido abucheo tras su aria, de algún clarioyente espectador.
Vulgar también Dario Russo como Fernando. Como siempre eficiente en todas sus labores Mª José Suárez. Rodríguez-Norton sobrado para sus cometidos y Alberto García suficiente. El personaje mudo, Goya, que se inventa el responsable escénico, fue un apto Carlos Casero.
Nueva prueba superada con solvencia por nuestro Coro. Tébar condujo a la orquesta por la partitura, con poco más que correción.
La parte escénica corrió a cargo de Joan A. Rechi que a falta de ingenio para reproducir el drama medieval, optó por el sobado cambio de época como opción creativa. Vestuario cuestionable, ambiente minimalista y proyecciones de temas goyescos tampoco ayudaron mucho.
Buena entrada sin llegar al lleno, con un público cada vez más de cuerpo presente, que paga, aplaude lo justo y se va.
Evidentemente hoy es difícil contar con cantantes que sepan prender la mecha en el público. El cuarteto protagonista fue irregular. La soprano di Giacomo presenta un centro muy interesante y aspira a hacer cosas interesantes, pero no acaba de convencernos expresivamente y presenta problemas en la parte alta. Nos gustó más según fue avanzando la función.
La mejor fue sin duda, Luciano D'Intino, una verdadera mezzo que a pesar de algún problema vocal, sí que tiene el talento artístico y la intención verdiana. Lo que se dice una cantante de ópera.
En cuanto a Machado no se puede decir que sea un Manrico ideal -¿hay hoy alguno?-, destacando más su canto por lirismo que por pasión. Ni apoteosis, ni fracaso.
Muy endeble el Conde de Luna, Simone Piazzola, incapaz de dar un mínimo de hidalguía a su fraseo, por su legato e impostación deficientes. Se escuchó un muy tímido abucheo tras su aria, de algún clarioyente espectador.
Vulgar también Dario Russo como Fernando. Como siempre eficiente en todas sus labores Mª José Suárez. Rodríguez-Norton sobrado para sus cometidos y Alberto García suficiente. El personaje mudo, Goya, que se inventa el responsable escénico, fue un apto Carlos Casero.
Nueva prueba superada con solvencia por nuestro Coro. Tébar condujo a la orquesta por la partitura, con poco más que correción.
La parte escénica corrió a cargo de Joan A. Rechi que a falta de ingenio para reproducir el drama medieval, optó por el sobado cambio de época como opción creativa. Vestuario cuestionable, ambiente minimalista y proyecciones de temas goyescos tampoco ayudaron mucho.
Buena entrada sin llegar al lleno, con un público cada vez más de cuerpo presente, que paga, aplaude lo justo y se va.
28 ene 2017
Ch'hai di nuovo, Buffon?
Fin de temporada con un título tan querido aquí como Rigoletto y servido con un reparto a priori de lo mejorcito. Nos quedamos, sin embargo, con la sensación de que no fue el éxito esperado que algunos pronosticabamos. Quizás uno es más exigente con estos títulos tan conocidos o quizás realmente algo no ayudó a que una obra maestra como la partitura verdiana no rodase adecuadamente.
Se anunció al protagonista Rodríguez como convaleciente, pero apenas pareció notarse salvo en algún fiato cortado, y mostró su habitual canto energicamente enfático, consiguiendo ser el más premiado por el público.
La soprano J.Pratt, de menos a más, mostró su solídísima técnica y es evidente su capacidad para el canto legato, para apianar, para reforzar... pero el fraseo nos pareció nimio. Con sus capacidades cabe pedirle algo más.
Por fin llegaba en ópera a Oviedo el tenor canario Albelo, donde ya nos había deleitado con su arte en numerosos recitales, y se nota lógica evolución en su material canoro. A pesar de algún problema de afinación se desveló como el más intencionado en su canto, ayudado además por su atractivo timbre.
Intrascendente el Sparafucile de Bou, que de cantarnos Felipe II en Don Carlo nos lo han pasado a secundario. Su "hermana", Alessandra Volpe, también se nos antoja olvidable como Maddalena.
Del resto de partes, inaudibles las de Lannoy y Rainho; cumplidor García López, al igual que Seguel y más satisfactorio Díaz.
Bien el coro, sólo masculino, confirmando la mejoría necesaria en este curso.
Funcionarial el trabajo de Conti en esta ocasión. No sonó mal la orquesta, pero en una ópera tan conocida por el público parece indispensable algo más que decir la partitura.
Inconsistente producción que juega con las épocas, con un trabajo actoral con gestos disparatados, de intenciones misteriosas salvo para su preclaro creador y con ocurrencias más que con un trabajo bien cimentado. Vestuario e iluminación correctos.
Aplausos generosos con el trío protagonista y de cortesía con el resto de cantantes y figurantes.
Se anunció al protagonista Rodríguez como convaleciente, pero apenas pareció notarse salvo en algún fiato cortado, y mostró su habitual canto energicamente enfático, consiguiendo ser el más premiado por el público.
La soprano J.Pratt, de menos a más, mostró su solídísima técnica y es evidente su capacidad para el canto legato, para apianar, para reforzar... pero el fraseo nos pareció nimio. Con sus capacidades cabe pedirle algo más.
Por fin llegaba en ópera a Oviedo el tenor canario Albelo, donde ya nos había deleitado con su arte en numerosos recitales, y se nota lógica evolución en su material canoro. A pesar de algún problema de afinación se desveló como el más intencionado en su canto, ayudado además por su atractivo timbre.
Intrascendente el Sparafucile de Bou, que de cantarnos Felipe II en Don Carlo nos lo han pasado a secundario. Su "hermana", Alessandra Volpe, también se nos antoja olvidable como Maddalena.
Del resto de partes, inaudibles las de Lannoy y Rainho; cumplidor García López, al igual que Seguel y más satisfactorio Díaz.
Bien el coro, sólo masculino, confirmando la mejoría necesaria en este curso.
Funcionarial el trabajo de Conti en esta ocasión. No sonó mal la orquesta, pero en una ópera tan conocida por el público parece indispensable algo más que decir la partitura.
Inconsistente producción que juega con las épocas, con un trabajo actoral con gestos disparatados, de intenciones misteriosas salvo para su preclaro creador y con ocurrencias más que con un trabajo bien cimentado. Vestuario e iluminación correctos.
Aplausos generosos con el trío protagonista y de cortesía con el resto de cantantes y figurantes.
27 ene 2017
Algunos nombres para la 2017-18.
Trovatore: Ilincai, d'Intino, Russo
Elisir: Bros, Beatriz Díaz, Corbelli
Chenier: De León, Arteta, C.Álvarez
Siegfried: Zwierko, García Calvo
Pelleas et Melisande: Yves Abel, E.de la Peña
Elisir: Bros, Beatriz Díaz, Corbelli
Chenier: De León, Arteta, C.Álvarez
Siegfried: Zwierko, García Calvo
Pelleas et Melisande: Yves Abel, E.de la Peña
12 dic 2016
El arte de cantar.
No es Capuleti obra a la altura de Norma, Sonnambula o Puritani, pero bien que merece una revisión de tanto en cuando, más si se la puede dotar de voces e intérpretes de gran nivel. Si bien Bellini la compuso en poco tiempo para lo que él gustaba, y tuvo que tirar de copiar trozos de "Zaira" y de "Adelson e Salvini", la partitura ya deja presagios de sus tres grandes títulos. El libretto de Romani, que también recicló de la ópera de Vaccai sobre el mismo tema, bebe de las fuentes medievales de la leyenda de los amantes, igual que bebieron Shakespeare o Lope de Vega entre otros.
Y en este cuarto título de la temporada continuamos con el notable nivel, que no parece vaya a menguar en el último. No habiendo tenido demasiada suerte en las cancelaciones últimamente, en esta ocasión nos atrevemos a decir que se nos antoja difícil creer que la canceladora A.Pérez lo hubiese hecho mejor que la italiana Patrizia Ciofi ayer.
Y en este cuarto título de la temporada continuamos con el notable nivel, que no parece vaya a menguar en el último. No habiendo tenido demasiada suerte en las cancelaciones últimamente, en esta ocasión nos atrevemos a decir que se nos antoja difícil creer que la canceladora A.Pérez lo hubiese hecho mejor que la italiana Patrizia Ciofi ayer.
Ciertamente el timbre de Ciofi es ingrato, con asperezas, incluso insulso, pero es tal la musicalidad, el buen gusto y la competencia profesional que su fraseo intenso e intencionado es capaz de crear una auténtica atmósfera belliniana en todas sus intervenciones. Toda una lección de decir , de emisión, de recreación del personaje. Desde las primeras palabras del "Eccomi in lieta vesta" se nos muestra la enorme altura del músico.
A su lado, Serena Malfi luce un material de mezzo muy interesante y consistente en los registros, aunque con tendencia a abrirse en el agudo. Como intérprete palideció al lado de la soprano de Siena, pero con muchas otras colegas como compañeras hubiese lucido mucho más.
José Luis Sola ya lleva unos años de trayecto y parece que su carrera no acaba de despegar. Ayer nos decepcionó con un Tebaldo planote y vocalmente justito.
Otra decepción la de Paolo Battaglia, ausente de cualquier nobleza y elegancia en su canto. El local Zapater ofreció su mejor versión actual para su modesto cometido.
Si muchas veces hemos reclamado la mejora de la parte masculina de nuestro coro, es justo reconocer que ayer la han hecho realidad. Enorme trabajo escénico además. Parte anecdótica para las chicas en esta ocasión.
Notable trabajo de la Oviedo Filarmonía que fue guiada de manera sabia por Giacomo Sagripanti. Excelente el trabajo del director italiano en la tradución del éter melódico belliniano, cuidando el volumen (que falta hacía para algunos intérpretes) y matizando o destacando detalles. Excelente trabajo en el concertante del Finale primo. El belcanto también necesita directores musicales y no solamente voces.
Produción de Arnaud Bernard que recurre a presentar la acción en un museo con un efecto no precisamente original, y que tampoco ayuda a combatir el estatismo de la acción. Muy trabajada visualmente y con un delicado trabajo de vestuario e iluminación, nos resultó agradable a la vista e ineficaz dramáticamente.
Aceptable entrada con público muy rácano en los aplausos durante la función, pero generoso en toses y ruídos varios. Se premió a todo el elenco con especial intensidad, y algún sonoro entusiasmo, con Ciofi.
Produción de Arnaud Bernard que recurre a presentar la acción en un museo con un efecto no precisamente original, y que tampoco ayuda a combatir el estatismo de la acción. Muy trabajada visualmente y con un delicado trabajo de vestuario e iluminación, nos resultó agradable a la vista e ineficaz dramáticamente.
Aceptable entrada con público muy rácano en los aplausos durante la función, pero generoso en toses y ruídos varios. Se premió a todo el elenco con especial intensidad, y algún sonoro entusiasmo, con Ciofi.
17 nov 2016
Así hacen todos...¿los políticos?
Aún con el impacto de la noticia de la cancelación de los Premios Líricos Teatro Campoamor se nos ofrecía el pasado domingo el estreno del tercer título de la temporada. Como si fuese un alegato a favor de la Lírica en la ciudad, el público, que casi llenó el teatro, se mostró muy satisfecho de lo representado.
Va Mozart convirtiéndose en un autor tan habitual por estos lares como Donizetti o Puccini y, como es lógico, con funciones bien cercanas del mismo título, el público conoce bien la obra y sus circunstancias. Tiene más mérito, por tanto, que la función tuviese un éxito considerable. Culpables en gran parte, del éxito fue la propuesta escénica de Rechi y su equipo que, a pesar del discutible cambio en el final y de algún efecto escénico demasiado reiterado, consiguen una buena tradución del dramma giocoso.
Por la parte musical tanto OSPA como el Coro desarrollaron con la habitual brillantez sus intervenciones. Rovaris, otrora gran promesa de la dirección musical italiana, se ha consolidado como uno de las habituales batutas de nuestra temporada y extraña que no tenga más compromisos en nuestro país. Atento a los cantantes y cumplidor con la partitura resolvió bien la tarea, pero se nos antojó también frío e incluso un poco apático a veces.
Entre los cantantes mejor las féminas. Destacaron las tablas de Remigio, que salió airosa en el Come scoglio y brillante en el Per pietà. Contundente la labor de Gardina, tanto como actriz como cantante. No menos convincente Gaudí, identificada a la perfección con el rol y con Mozart.
Por parte masculina, y a pesar de que tanto el papel como el tratamiento escénico le favorecían, nos resultó tedioso el Don Alfonso de Chiummo, aparte de algún momento poco afortunado canoramente. El mejor resultó Martín-Royo, apoyado en su excelente fraseo. El tenor ligero Shrader mostró cierta elegancia, pero nos pareció con problemas en dicción y lagunas en el paso de la voz. Su aura amorosa demostró buenas intenciones más que realidades.
En suma una representación operística que sin llegar a la excelencia, sí fue de un nivel suficiente para ir asentando la afición lírica en una ciudad que parece no encontrarse en el mejor momento para éllo. Como en casi todos los sitios, todos los políticos hacen lo mismo y recortan en cultura. En nuestro caso, donde lo lírico es seña distintiva de la ciudad, es quizás más molesto.
Va Mozart convirtiéndose en un autor tan habitual por estos lares como Donizetti o Puccini y, como es lógico, con funciones bien cercanas del mismo título, el público conoce bien la obra y sus circunstancias. Tiene más mérito, por tanto, que la función tuviese un éxito considerable. Culpables en gran parte, del éxito fue la propuesta escénica de Rechi y su equipo que, a pesar del discutible cambio en el final y de algún efecto escénico demasiado reiterado, consiguen una buena tradución del dramma giocoso.
Por la parte musical tanto OSPA como el Coro desarrollaron con la habitual brillantez sus intervenciones. Rovaris, otrora gran promesa de la dirección musical italiana, se ha consolidado como uno de las habituales batutas de nuestra temporada y extraña que no tenga más compromisos en nuestro país. Atento a los cantantes y cumplidor con la partitura resolvió bien la tarea, pero se nos antojó también frío e incluso un poco apático a veces.
Entre los cantantes mejor las féminas. Destacaron las tablas de Remigio, que salió airosa en el Come scoglio y brillante en el Per pietà. Contundente la labor de Gardina, tanto como actriz como cantante. No menos convincente Gaudí, identificada a la perfección con el rol y con Mozart.
Por parte masculina, y a pesar de que tanto el papel como el tratamiento escénico le favorecían, nos resultó tedioso el Don Alfonso de Chiummo, aparte de algún momento poco afortunado canoramente. El mejor resultó Martín-Royo, apoyado en su excelente fraseo. El tenor ligero Shrader mostró cierta elegancia, pero nos pareció con problemas en dicción y lagunas en el paso de la voz. Su aura amorosa demostró buenas intenciones más que realidades.
En suma una representación operística que sin llegar a la excelencia, sí fue de un nivel suficiente para ir asentando la afición lírica en una ciudad que parece no encontrarse en el mejor momento para éllo. Como en casi todos los sitios, todos los políticos hacen lo mismo y recortan en cultura. En nuestro caso, donde lo lírico es seña distintiva de la ciudad, es quizás más molesto.
11 oct 2016
Más viejos que diablos.
Tras las históricas funciones de Mazeppa llegaba el turno ahora a una Grand opéra como "Faust" que tal vez sea un desafío demasiado grande para muchos teatros del mundo. Se necesita un elenco de cantantes de gran nivel y una producción que haga justicia a todos los ambientes que exige el libreto y que ahonde en la profundidad de la historia. Sin embargo, sin contar con todos esos mimbres, este domingo en el Teatro Campoamor se nos ofreció una función operística que resultó de buen nivel.
No deja de ser curioso como temporada tras temporada cierta parte del público manifiesta su contrariedad con determinado tipo de produciones. Es cierto que hemos visto astracanadas varias, pero llega a cansar que siempre el desagrado se manifieste contra esa parte escénica cuando, por ejemplo, en los repartos se nos cuelan algunas elecciones ciertamente discutibles. Ahí se aplaude todo y una temporada, y un público, que ha visto pasar a una gran mayoría de los mejores cantantes de la historia de la Ópera debería exigir algo más en materia vocal.
Así que ayer nos encontramos con una producción ciertamente con fallos o absurdos, con escenas pobretonas, pero que en la que se notó mucho trabajo para solucionar carencias, suponemos que fundamentalmente económicas, y traducir el libreto según la idea del siempre profesional Carreres y su equipo. No es un trabajo maravilloso, pero cosas peores hemos sufrido y algunas bien recientes.
Por la parte musical tuvimos a un Albiach y a la Oviedo Filarmonia entregados a interpretar los múltiples aspectos y propiedades de la partitura. No todo se resolvió igual, pero el resultado final nos pareció notable.
Prueba difícil para el Coro que la resolvió, pero con dificultad. La parte masculina del mismo nos pareció que necesitó en algunos momentos más miembros para hacer justicia a lo exigido. Tras el gran trabajo de Mazeppa se nos antojó una prestación más discreta.
El protagonista fue el tenor Stefan Pop, que nos pareció de interesante material nativo, pero bastante poco generoso en el matiz expresivo. No nos disgustaría, no obstante, verle de nuevo por estos lares.
Más decepcionante nos resultó Maite Alberola, a la que no supimos sacarle gusto , resultándonos de elocuencia limitada y con problemas en el agudo.
El bajo Mark S. Doss no es que sea poseedor de un canto noble, pero conoce el personaje y lo interpreta de manera efectista. Gran parte del éxito de la función fue mérito suyo.
El abaritonado Borja Quiza mostró sus cualidades dramáticas y aunque sin especial brillo canoro nos sorprendió agradablemente. El público le premió generosamente.
La siempre profesional María José Suárez pasó intrascendente, mientras que la mezzo, o soprano, catalana Lidia Vinyes y el barítono andaluz P. Ruíz supieron sacar partido a sus intervenciones, apuntando interés en verles en el futuro.
Como dijimos antes, el conjunto destiló una aceptable representación de un título tan difícil de servir. El público, aún con la división de opiniones en lo escénico, pareció razonablemente satisfecho en lo vocal. Buena entrada con un público demasiado ruidoso.
No deja de ser curioso como temporada tras temporada cierta parte del público manifiesta su contrariedad con determinado tipo de produciones. Es cierto que hemos visto astracanadas varias, pero llega a cansar que siempre el desagrado se manifieste contra esa parte escénica cuando, por ejemplo, en los repartos se nos cuelan algunas elecciones ciertamente discutibles. Ahí se aplaude todo y una temporada, y un público, que ha visto pasar a una gran mayoría de los mejores cantantes de la historia de la Ópera debería exigir algo más en materia vocal.
Así que ayer nos encontramos con una producción ciertamente con fallos o absurdos, con escenas pobretonas, pero que en la que se notó mucho trabajo para solucionar carencias, suponemos que fundamentalmente económicas, y traducir el libreto según la idea del siempre profesional Carreres y su equipo. No es un trabajo maravilloso, pero cosas peores hemos sufrido y algunas bien recientes.
Por la parte musical tuvimos a un Albiach y a la Oviedo Filarmonia entregados a interpretar los múltiples aspectos y propiedades de la partitura. No todo se resolvió igual, pero el resultado final nos pareció notable.
Prueba difícil para el Coro que la resolvió, pero con dificultad. La parte masculina del mismo nos pareció que necesitó en algunos momentos más miembros para hacer justicia a lo exigido. Tras el gran trabajo de Mazeppa se nos antojó una prestación más discreta.
El protagonista fue el tenor Stefan Pop, que nos pareció de interesante material nativo, pero bastante poco generoso en el matiz expresivo. No nos disgustaría, no obstante, verle de nuevo por estos lares.
Más decepcionante nos resultó Maite Alberola, a la que no supimos sacarle gusto , resultándonos de elocuencia limitada y con problemas en el agudo.
El bajo Mark S. Doss no es que sea poseedor de un canto noble, pero conoce el personaje y lo interpreta de manera efectista. Gran parte del éxito de la función fue mérito suyo.
El abaritonado Borja Quiza mostró sus cualidades dramáticas y aunque sin especial brillo canoro nos sorprendió agradablemente. El público le premió generosamente.
La siempre profesional María José Suárez pasó intrascendente, mientras que la mezzo, o soprano, catalana Lidia Vinyes y el barítono andaluz P. Ruíz supieron sacar partido a sus intervenciones, apuntando interés en verles en el futuro.
Como dijimos antes, el conjunto destiló una aceptable representación de un título tan difícil de servir. El público, aún con la división de opiniones en lo escénico, pareció razonablemente satisfecho en lo vocal. Buena entrada con un público demasiado ruidoso.
18 sept 2016
Histórico y/o trascendental.
Cuarta, y última función, del inicio de Temporada de Ópera de Oviedo con el histórico estreno español de Mazeppa. Funciones que han contado con éxito de crítica y del público, bastante escaso ayer, que ha acudido a verlas.
Es de elogiar que Ópera de Oviedo rebusque óperas tan interesantes como Mazeppa y, ya que prácticamente tenemos explorado cualquier recoveco del repertorio tradicional sin que nos falte ninguno de los títulos más imprescindibles de la Historia de la Ópera.
Aparte de la singularidad tiene este título un interés evidente porque la ópera dispone de escenas de gran dramatismo y espectacularidad. Cierto que también hay algún que otro momento más prescindible, pero ésto es habitual incluso en grandes obras asentadas desde hace siglos. Si de Chaikovsky se conocen indudablemente más el Onegin o la Dama de Picas, incluso Iolanta o la Doncella de Orleans, esta Mazeppa merece indudablemente mejor suerte en los teatros.
Parte de esa suerte se la juega en tener un reparto adecuado para servir las exigentes partes de cinco solistas con partes importantes. Se optó aquí, adecuadamente, por un reparto afín al repertorio y al estilo.
Brilló como protagonista el barítono Vladislav Sulimsky con una voz importante, pero aún lo hizo más su enemigo, Vitalij Kowalow, con un canto elegante y más intencionado que el primero.
La soprano Dinara Alieva posee un material interesante y bello, aunque muchas veces su canto nos resultó demasiado genérico. En cualquier caso fue una de las triunfadoras con momentos muy dulces.
El tenor Antipenko mostró una evidente mejoría respecto a su anterior y desdichada presencia en nuestro teatro. Cierto que ahora no desentona en el nivel de tantos cantantes que vemos, pero su papel precisa de mucho más que un cantante aburrido y justo de musicalidad.
Bocharova sacó adelante más el papel por sus cualidades dramáticas que canoras. Tanto Vas como Romero y Timoshenko supieron aprovechar las posibilidades de sus pequeñas partes para demostrar su notable valía.
La habitual buena prestación del coro, en el cual también notamos una mejoría en la parte masculina, quizás ya inspirados por la nueva dirección de Mitrevska.
Milanov y la OSPA resolvieron bien la papeleta, aunque las frecuentes partes en las que podían haberse lucido pasaron sin especial relevancia.
La propuesta escénica opta por actualización a la época actual. Lo cual, al igual que en Duca d'Alba, se agradece sobremanera en estas óperas tan trilladas que ya nos cansan de ver siempre en su ambientación original. Para colmo la propuesta tiene escaso aliciente y, aún menos, encanto. Si el éxito global se mitigó fue en buena parte debido a la poca ayuda de la propuesta del equipo encabezado por Gürbaca.
Entusiasmo desigual entre el público, pero que, dada la singularidad del título, cabe catalogarse como un importante triunfo. No cabe ahora sino animar a profundizar en estas joyas tan difíciles de ver y nos atreveríamos a recuperar títulos olvidados como Rosenkavalier, Rinaldo, Guillaume Tell, Guerra y paz, Fidelio, Wozzeck, etc...
15 may 2016
11 abr 2016
23 mar 2016
20 mar 2016
14 mar 2016
Se acercan los Premios Teatro Campoamor.
Algunos de los artículos que están apareciendo en la prensa estos días.
http://www.elcomercio.es/culturas/201603/14/decada-estrellas-canto-20160314011726-v.html
http://www.elmundo.es/cultura/2016/03/14/56e61fc8e2704e39478b458a.html
http://www.elcomercio.es/culturas/201603/14/decada-estrellas-canto-20160314011726-v.html
http://www.elmundo.es/cultura/2016/03/14/56e61fc8e2704e39478b458a.html
11 feb 2016
Conferencia de Raúl Chamorro para ALAAK
http://alfredokraus.com/blog/2016/02/11/conferencia-de-raul-chamorro-mena-sobre-la-evolucion-de-la-voz-de-tenor-en-el-repertorio-italiano-del-siglo-xix/
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