28 ene. 2017

Ch'hai di nuovo, Buffon?

Fin de temporada con un título tan querido aquí como Rigoletto y servido con un reparto a priori de lo mejorcito. Nos quedamos, sin embargo, con la sensación de que no fue el éxito esperado que algunos pronosticabamos. Quizás uno es más exigente con estos títulos tan conocidos o quizás realmente algo no ayudó a que una obra maestra como la partitura verdiana no rodase adecuadamente.

Se anunció al protagonista Rodríguez como convaleciente, pero apenas pareció notarse salvo en algún fiato cortado, y mostró su habitual canto energicamente enfático, consiguiendo ser el más premiado por el público.

La soprano J.Pratt, de menos a más, mostró su solídísima técnica y es evidente su capacidad para el canto legato, para apianar, para reforzar... pero el fraseo nos pareció nimio. Con sus capacidades cabe pedirle algo más.

Por fin llegaba en ópera a Oviedo el tenor canario Albelo, donde ya nos había deleitado con su arte en numerosos recitales, y se nota lógica evolución en su material canoro. A pesar de algún problema de afinación se desveló como el más intencionado en su canto, ayudado además por su atractivo timbre.

Intrascendente el Sparafucile de Bou, que de cantarnos Felipe II en Don Carlo nos lo han pasado a secundario. Su "hermana", Alessandra Volpe, también se nos antoja olvidable como Maddalena.

Del resto de partes, inaudibles las de Lannoy y Rainho; cumplidor García López, al igual que Seguel y más satisfactorio Díaz.

Bien el coro, sólo masculino, confirmando la mejoría necesaria en este curso.

Funcionarial el trabajo de Conti en esta ocasión. No sonó mal la orquesta, pero en una ópera tan conocida por el público parece indispensable algo más que decir la partitura.

Inconsistente producción que juega con las épocas, con un trabajo actoral con gestos disparatados, de intenciones misteriosas salvo para su preclaro creador y con ocurrencias más que con un trabajo bien cimentado. Vestuario e iluminación correctos.

Aplausos generosos con el trío protagonista y de cortesía con el resto de cantantes y figurantes.

27 ene. 2017

Algunos nombres para la 2017-18.

Trovatore: Ilincai, d'Intino, Russo
Elisir: Bros, Beatriz Díaz, Corbelli
Chenier: De León, Arteta, C.Álvarez
Siegfried: Zwierko, García Calvo
Pelleas et Melisande: Yves Abel, E.de la Peña

12 dic. 2016

El arte de cantar.

No es Capuleti obra a la altura de Norma, Sonnambula o Puritani, pero bien que merece una revisión de tanto en cuando, más si se la puede dotar de voces e intérpretes de gran nivel. Si bien Bellini la compuso en poco tiempo para lo que él gustaba, y tuvo que tirar de copiar trozos de "Zaira" y de "Adelson e Salvini", la partitura ya deja presagios de sus tres grandes títulos. El libretto de Romani, que también recicló de la ópera de Vaccai sobre el mismo tema, bebe de las fuentes medievales de la leyenda de los amantes, igual que bebieron Shakespeare o Lope de Vega entre otros.

Y en este cuarto título de la temporada continuamos con el notable nivel, que no parece vaya a menguar en el último. No habiendo tenido demasiada suerte en las cancelaciones últimamente, en esta ocasión nos atrevemos a decir que se nos antoja difícil creer que la canceladora A.Pérez lo hubiese hecho mejor que la italiana Patrizia Ciofi ayer.

Ciertamente el timbre de Ciofi es ingrato, con asperezas, incluso insulso, pero es tal la musicalidad, el buen gusto y la competencia profesional que su fraseo intenso e intencionado es capaz de crear una auténtica atmósfera belliniana en todas sus intervenciones. Toda una lección de decir , de emisión, de recreación del personaje. Desde las primeras palabras del "Eccomi in lieta vesta" se nos muestra la enorme altura del músico. 

A su lado, Serena Malfi luce un material de mezzo muy interesante y consistente en los registros, aunque con tendencia a abrirse en el agudo. Como intérprete palideció al lado de la soprano de Siena, pero con muchas otras colegas como compañeras hubiese lucido mucho más.

José Luis Sola ya lleva unos años de trayecto y parece que su carrera no acaba de despegar. Ayer nos decepcionó con un Tebaldo planote y vocalmente justito.

Otra decepción la de Paolo Battaglia, ausente de cualquier nobleza y elegancia en su canto. El local Zapater ofreció su mejor versión actual para su modesto cometido.

Si muchas veces hemos reclamado la mejora de la parte masculina de nuestro coro, es justo reconocer que ayer la han hecho realidad. Enorme trabajo escénico además. Parte anecdótica para las chicas en esta ocasión.

Notable trabajo de la Oviedo Filarmonía que fue guiada de manera sabia por Giacomo Sagripanti. Excelente el trabajo del director italiano en la tradución del éter melódico belliniano, cuidando el volumen (que falta hacía para algunos intérpretes) y matizando o destacando detalles. Excelente trabajo en el concertante del Finale primo. El belcanto también necesita directores musicales y no solamente voces.

Produción de Arnaud Bernard que recurre a presentar la acción en un museo con un efecto no precisamente original, y que tampoco ayuda a combatir el estatismo de la acción. Muy trabajada visualmente y con un delicado trabajo de vestuario e iluminación, nos resultó agradable a la vista e ineficaz dramáticamente.

Aceptable entrada con público muy rácano en los aplausos durante la función, pero generoso en toses y ruídos varios. Se premió a todo el elenco con especial intensidad, y algún sonoro entusiasmo, con Ciofi.

17 nov. 2016

Así hacen todos...¿los políticos?

Aún con el impacto de la noticia de la cancelación de los Premios Líricos Teatro Campoamor se nos ofrecía el pasado domingo el estreno del tercer título de la temporada. Como si fuese un alegato a favor de la Lírica en la ciudad, el público, que casi llenó el teatro, se mostró muy satisfecho de lo representado.

Va Mozart convirtiéndose en un autor tan habitual por estos lares como  Donizetti o Puccini y, como es lógico, con funciones bien cercanas del mismo título, el público conoce bien la obra y sus circunstancias. Tiene más mérito, por tanto, que la función tuviese un éxito considerable. Culpables en gran parte, del éxito fue la propuesta escénica de Rechi y su equipo que, a pesar del discutible cambio en el final y de algún efecto escénico demasiado reiterado, consiguen una buena tradución del dramma giocoso.

Por la parte musical tanto OSPA como el Coro desarrollaron con la habitual brillantez sus intervenciones. Rovaris, otrora gran promesa de la dirección musical italiana, se ha consolidado como uno de las habituales batutas de nuestra temporada y extraña que no tenga más compromisos en nuestro país. Atento a los cantantes y cumplidor con la partitura resolvió bien la tarea, pero se nos antojó también frío e incluso un poco apático a veces.

Entre los cantantes mejor las féminas. Destacaron las tablas de Remigio, que salió airosa en el Come scoglio y brillante en el Per pietà. Contundente la labor de Gardina, tanto como actriz como cantante. No menos convincente Gaudí, identificada a la perfección con el rol y con Mozart.
Por parte masculina, y a pesar de que tanto el papel como el tratamiento escénico le favorecían, nos resultó tedioso el Don Alfonso de Chiummo, aparte de algún momento poco afortunado canoramente. El mejor resultó Martín-Royo, apoyado en su excelente fraseo. El tenor ligero Shrader mostró cierta elegancia, pero nos pareció con problemas en dicción y lagunas en el paso de la voz. Su aura amorosa demostró buenas intenciones más que realidades.

En suma una representación operística que sin llegar a la excelencia, sí fue de un nivel suficiente para ir asentando la afición lírica en una ciudad que parece no encontrarse en el mejor momento para éllo. Como en casi todos los sitios, todos los políticos hacen lo mismo y recortan en cultura. En nuestro caso, donde lo lírico es seña distintiva de la ciudad, es quizás más molesto.

11 oct. 2016

Más viejos que diablos.

Tras las históricas funciones de Mazeppa llegaba el turno ahora a una Grand opéra como "Faust" que tal vez sea un desafío demasiado grande para muchos teatros del mundo. Se necesita un elenco de cantantes de gran nivel y una producción que haga justicia a todos los ambientes que exige el libreto y que ahonde en la profundidad de la historia. Sin embargo, sin contar con todos esos mimbres, este domingo en el Teatro Campoamor se nos ofreció una función operística que resultó de buen nivel.

No deja de ser curioso como temporada tras temporada cierta parte del público manifiesta su contrariedad con determinado tipo de produciones. Es cierto que hemos visto astracanadas varias, pero llega a cansar que siempre el desagrado se manifieste contra esa parte escénica cuando, por ejemplo, en los repartos se nos cuelan algunas elecciones ciertamente discutibles. Ahí se aplaude todo y una temporada, y un público, que ha visto pasar a una gran mayoría de los mejores cantantes de la historia de la Ópera debería exigir algo más en materia vocal.

Así que ayer nos encontramos con una producción ciertamente con fallos o absurdos, con escenas pobretonas, pero que en la que se notó mucho trabajo para solucionar carencias, suponemos que fundamentalmente económicas, y traducir el libreto según la idea del siempre profesional Carreres y su equipo. No es un trabajo maravilloso, pero cosas peores hemos sufrido y algunas bien recientes.

Por la parte musical tuvimos a un Albiach y a la Oviedo Filarmonia entregados a interpretar los múltiples aspectos y propiedades de la partitura. No todo se resolvió igual, pero el resultado final nos pareció notable.

Prueba difícil para el Coro que la resolvió, pero con dificultad. La parte masculina del mismo nos pareció que necesitó en algunos momentos más miembros para hacer justicia a lo exigido. Tras el gran trabajo de Mazeppa se nos antojó una prestación más discreta.

El protagonista fue el tenor Stefan Pop, que nos pareció de interesante material nativo, pero bastante poco generoso en el matiz expresivo. No nos disgustaría, no obstante, verle de nuevo por estos lares.

Más decepcionante nos resultó Maite Alberola, a la que no supimos sacarle gusto , resultándonos de elocuencia limitada y con problemas en el agudo.

El bajo Mark S. Doss no es que sea poseedor de un canto noble, pero conoce el personaje y lo interpreta de manera efectista. Gran parte del éxito de la función fue mérito suyo.

El abaritonado Borja Quiza mostró sus cualidades dramáticas y aunque sin especial brillo canoro nos sorprendió agradablemente. El público le premió generosamente.

La siempre profesional María José Suárez pasó intrascendente, mientras que la mezzo, o soprano, catalana Lidia Vinyes y el barítono andaluz P. Ruíz supieron sacar partido a sus intervenciones, apuntando interés en verles en el futuro.

Como dijimos antes, el conjunto destiló una aceptable representación de un título tan difícil de servir. El público, aún con la división de opiniones en lo escénico, pareció razonablemente satisfecho en lo vocal. Buena entrada con un público demasiado ruidoso.

18 sept. 2016

Histórico y/o trascendental.

Cuarta, y última función, del inicio de Temporada de Ópera de Oviedo con el histórico estreno español de Mazeppa. Funciones que han contado con éxito de crítica y del público, bastante escaso ayer, que ha acudido a verlas.

Es de elogiar que Ópera de Oviedo rebusque óperas tan interesantes como Mazeppa y, ya que prácticamente tenemos explorado cualquier recoveco del repertorio tradicional sin que nos falte ninguno de los títulos más imprescindibles de la Historia de la Ópera.

Aparte de la singularidad tiene este título un interés evidente porque la ópera dispone de escenas de gran dramatismo y espectacularidad. Cierto que también hay algún que otro momento más prescindible, pero ésto es habitual incluso en grandes obras asentadas desde hace siglos. Si de Chaikovsky se conocen indudablemente más el Onegin o la Dama de Picas, incluso Iolanta o la Doncella de Orleans, esta Mazeppa merece indudablemente mejor suerte en los teatros. 

Parte de esa suerte se la juega en tener un reparto adecuado para servir las exigentes partes de cinco solistas con partes importantes. Se optó aquí, adecuadamente, por un reparto afín al repertorio y al estilo. 
Brilló como protagonista el barítono Vladislav Sulimsky con una voz importante, pero aún lo hizo más su enemigo, Vitalij Kowalow, con un canto elegante y más intencionado que el primero.

La soprano Dinara Alieva posee un material interesante y bello, aunque muchas veces su canto nos resultó demasiado genérico. En cualquier caso fue una de las triunfadoras con momentos muy dulces.

El tenor Antipenko mostró una evidente mejoría respecto a su anterior y desdichada presencia en nuestro teatro. Cierto que ahora no desentona en el nivel de tantos cantantes que vemos, pero su papel precisa de mucho más que un cantante aburrido y justo de musicalidad. 

Bocharova sacó adelante más el papel por sus cualidades dramáticas que canoras. Tanto Vas como Romero y Timoshenko supieron aprovechar las posibilidades de sus pequeñas partes para demostrar su notable valía.

La habitual buena prestación del coro, en el cual también notamos una mejoría en la parte masculina, quizás ya inspirados por la nueva dirección de Mitrevska.

Milanov y la OSPA resolvieron bien la papeleta, aunque las frecuentes partes en las que podían haberse lucido pasaron sin especial relevancia.

La propuesta escénica opta por actualización a la época actual. Lo cual, al igual que en Duca d'Alba, se agradece sobremanera en estas óperas tan trilladas que ya nos cansan de ver siempre en su ambientación original. Para colmo la propuesta tiene escaso aliciente y, aún menos, encanto. Si el éxito global se mitigó fue en buena parte debido a la poca ayuda de la propuesta del equipo encabezado por Gürbaca.

Entusiasmo desigual entre el público, pero que, dada la singularidad del título, cabe catalogarse como un importante triunfo. No cabe ahora sino animar a profundizar en estas joyas tan difíciles de ver y nos atreveríamos a recuperar títulos olvidados como  Rosenkavalier, Rinaldo, Guillaume Tell, Guerra y paz, Fidelio, Wozzeck, etc...